Así como Dante se interna en la búsqueda de su sagrada
Beatriz, Beatriz Guido nos enfrenta a algo igualmente sagrado: la curiosidad humana. Una curiosidad que
pareciera superar a esa sensación tan conocida por todos, que creemos sagrada, y no es más que un obstáculo humano: el miedo.

La rica elección de palabras castellanas y el
ritmo ágil de la autora hacen de toda esta experiencia algo fugaz pero no por
fugaz menos intensa. Es en la fugacidad donde la vida muestra sus más
cautivantes y profundas luces.
Manuela Rímoli.
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